Juan Manuel Roca

Defensa de lo sublime. Juan Manuel Roca

Escritor colombiano Juan Manuel Roca ensaya sobre los poemas de Nuno Júdice, donde el destacado poeta portugués reflexiona sobre la poesía y logra tender puentes “entre la realidad y la ficción, entre el verso elusivo y la prosa argumental”.

 

 

 

Defensa de lo sublime
Juan Manuel Roca

Hay, a lo largo de toda la poesía moderna, una constante del poema que se informa a sí mismo.

Antes que con un interlocutor real o con el interlocutor ideal que es el "ilustre  desconocido", el poeta conversa con la página virgen, aunque se sienta inquieto y no pocas veces amedrentado por la indiferente mudez del papel.

nuno-judiceEn esto corre la duda mallarmeana de que las cosas existen en sí mismas y que solo podemos establecer, de manera analógica, sus secretas relaciones, y que si "el mar no necesita que le digan que es grande", según el aserto del autor de "Suenan Timbres", mucho menos el taciturno papel está pidiendo alguna sorpresiva revelación.

Entre los muchos registros y temas de la abundante obra de Nuno Júdice, de manera personal me suscitan gran interés y más deleite los poemas que se insertan en esa vertiente, a veces crítica, a veces amorosa y siempre meditativa del poema que reflexiona sobre la poesía y que lo hace desde unos puentes que logra tender entre la realidad y la ficción, entre el verso elusivo y la prosa argumental.

Así ocurre en sus versos de "Para escribir el poema", una suerte de arte poética que mientras duda del poder de las palabras va encontrando sus esencias, la nuez del asunto, para señalar que "el poeta quiere escribir sobre un pájaro: /y el pájaro huye de su verso". Que "el poeta quiere escribir sobre la manzana: /y la manzana se cae de la rama donde la puso". Y que "el poeta quiere escribir sobre una flor: /y la flor se marchita en el jarrón de la estrofa". Es esa su manera de dudar de la palabra por la palabra, de recordar que la mano que escribe no siempre tiene un señorío sobre el silencio y no siempre logra fundar una realidad verbal.

Es como si en mitad de la página blanca se escondiera un espantapárrafos, un curioso e impertinente espantador de falsos trinos que ahuyenta voces falseadas, como si las palabras fueran aves de paso, pájaros equivocados de lugar en el espeso bosque del lenguaje. Es, de nuevo, la invitación a dudar de la poesía que se construye con letras pero que se queda a orillas del lenguaje.

Algo análogo ocurre con su poema "Nueva teoría de la literatura". Se trata de un "aparato verbal", la expresión es de Auden, que semeja una casa de dos plantas. En la primera planta vive el amor y en la segunda planta habita la literatura. Algunas veces el amor y la literatura encuentran que habitan bajo un mismo techo, y es la poesía quien les da su más generoso cobijo.

Resulta, en su mejor acepción, paradójico que exaltando lo sublime Nuno Júdice no tema entrelazar lo cotidiano. Es allí donde logra un espacio original. Sin abandonar una pulsión lírica, el poeta se ve envuelto en "la mortaja de la niebla" pero también se arropa en las palabras sin alcurnia, en las palabras limosneras, menesterosas, que algunos poetas no quisieran ver ni siquiera merodeando alrededor de las grandes catedrales del lenguaje.

Júdice busca revivir palabras muertas u olvidadas, darles respiración boca a boca, encontrar lo que se esconde tras de ellas: "Me gustan las palabras exactas, las que aciertan/ en el centro de las cosas, y cuando las encuentro/ es como si las cosas saliesen de dentro de ellas".

Es como el célebre procedimiento del viejo escultor italiano que sabía que entre un bloque de mármol en bruto se escondía su portentoso "David" y que al encuentro con su cincel podría liberar al rey escondido, lograría sacarlo del cepo o el presidio de la gran masa de Carrara.
No es otra cosa que una conciencia de la materia de las cosas, así no sean pétreas sino verbales.

Es discreto, sigiloso, el humor de Nuno Júdice. Casi que aparece como un duende, como alguien que invade temas sacros y sublimes: una esfinge con ojeras, el amor cibernético de tres muchachas que buscan su "amor punto com". Una de estas jóvenes solitarias cree en Dios y monta en bicicleta, otra ama la playa y va al cine y la tercera vive con una tía y advierte que ni bebe ni fuma. "Ninguna de las tres toca/ piano o habla francés", es el melancólico corolario.

Bella e inquietante resulta su "Sinfonía para una noche y algunos perros". Una coral  sigue al primer ladrido de un perro, en un crescendo que da paso a un silencio profundo, lo que lleva al poeta a varias hipótesis sobre el ladrido de los perros en la noche.

No se sabe si lo hacen a causa de una sombra furtiva en un muro o al descubrir la presencia siempre invasora de un felino, pero la verdad es que sus ladridos ponen a meditar acerca de lo invisible, en algo que evoca ese "horizonte de perros" del que hablaba Federico García Lorca.

En buena hora, toda vez que gran parte de la poesía de Nuno Júdice ha sido traducida en España, México, Francia, Suecia, Vietnam o Venezuela, se traduce para Colombia esta valiosa antología.

 

Juan Manuel Roca nació en 1946 en Medellín. Poeta y narrador. Autor de múltiples libros de poesía, ensayo y narrativa. Ganador del Premio Casa de las Américas, Premio de Poesía José Lezama Lima, Premio Nacional de Cuento Universidad de Antioquia, entre muchos otros. Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad Nacional de Colombia.