Jean Portante

Jean Portante. Bajo el manto

Jean PortanteJean Portante, reconocido escritor y traductor francés-luxemburgués, nos comparte sus nuevos poemas.

 

 

 

Jean Portante
Bajo el manto

 

1

A Guido, mi padre
pero también al obrero…

Y en el forro del abrigo el fuego se iba
quedaba en vez de la ceniza
un puñado de harina tan fina
que la tomé por lo que
de la noche me estaba dejando.

Un amanecer polvoriento
una fábrica lejana
el rastro de un cometa que perdía
sus semillas o las sembraba.

La noche pasaba como cometa
y el trigo crecía
en la naciente mitad del cielo
en el otro extremo perdía peso
la mano del sembrador.

Estábamos en el sol de agosto
segadora trilladora que
decapitaba las espigas de trigo.

En esa sumisión
se iba de ti
la fábrica de estrellas
con la última chispa
que el fuego expulsaba
Y TU MANO ENCENDIENDO EL FOSFORO.

 

2

A Guido otra vez,
pero también a Colapesce...

Y has estado escondiendo largamente tus migajas
en las mallas de un abrigo liso
como quien esconde
bajo la piel del mar
el reflejo tembloroso
de una luna andándose.

Luego como había que despertar a tus muertos
dejaste caer en el forro
estos dos anillos
que ningún dedo lleva desde mucho.

Los anillos no dejan decaer
como la copa de oro
que el Rey de Sicilia arroja al mar
iréyo también a repescarla
en el fondo del agua devoradora.

Y si no me reaparezco en la superficie
se enterarán ustedes cuando llegue el momento
– oh dos dedos sin anillos de boda –
que yo también me habrévuelto
columna faltante
bajo la superficie de las palabras
– es acaso el abrigo que ya está faltando
con sus mallaslisas
O EL REY ANDANDOSE.

 

3

A Guido de nuevo,
al Cementerio marino
pero también a Wisława Szimborska
y su gato…

Y bajo el estanque vacío pasa mi ciervo
y pasan por ahí una pareja de amantes
un padre sobre todo que me lo matan en verano
el verano siempre de nuevo empezado
empujado por un rifle que dispara a quemarropa.

Ah los amantes –
suponiendo que mueren
o nacen doblemente
no me dice acaso el ciervo
que el rifle está temblando ahí arriba
porque lo que aquí abajo
no es más que un juego cruel
es el reflejo de un alma que sube
acaso está en todas las escapadas.

Pues morir – como dice la poeta
muertaun primero de febrero en Cracovia –
no se hace tal cosa a un gato.
que en mi caso es un ciervo.

Vacío es el estanque y que los amantes lleven
un abrigo o no
no significa necesariamente
que la caza esté cerrada.

Qué le deben al rifle los que nacen
de este lado de la superficie
qué le deben al ciervo
la escalada de la vieja colina tal vez
con su vía crucis
y sus capillas vacías y blancas –
perdíamos el alientoal subir –
o el reencuentro
en los meandros del abrigo.

Suponiendo que nacen
doblemente los amantes o mueren
de qué sirvió el ciervo
– que en el casode la poeta de Cracovia
es un gato – si no para clasificar los veranos
UN RIFLE DESPERTANDOLOS.

 

4

A Guido de nuevo,
pero también a Concettina, mi madre,
y a Giuseppe Ungaretti
y "La mano giró el reloj de arena en la sombra"

Y aquellos que como el poeta hermético
– ah si todavía estuviera vivo –
tacen una palabra inocente
como se busca borrar un país
o un camino después del retorno
qué saben de lo que al otro
lado del abrigo – porque es
de un abrigo que nos vamos deshaciendo –
hace que los moros hablen en Venecia.

Es acaso en marzo que a largas correas
las estrellas – tú eres una
la otra muere en agosto – mojadas
por la lluvia o el sol
hacen caso omiso antes de que la mano
derrame la clepsidra.

A dónde van todas estas gotas de tiempo derramado
quizás estén bordeandocon pasos lentos
en equilibriosobrela cuerda de tender
lo que a sus pies tenía mil años
y mil veces escurría su torpeza.

Y qué saben aquellos que como
el poeta inocente
tacen una palabra hermética
de lo que al otro lado del abrigo
– porque es un abrigo que se borra
y de arena son sus relojes –
separa tácitamente los olvidos
tú y tú en un lado y yo en el otro.
y esta nada que fluye.

Ven vengan que los llevo
como un perro de tres cabezas
para ustedes unala otra para mí
y la tercera se extiende
hasta el pie de la hora derramada.

Es la hora derramada y ustedes
como el moro de Venecia
golpean y golpean
EL TIEMPO A GOTAS CORRIENDO.

 

5

A Concettina otra vez,
pero también a Charles Baudelaire…

Y podría haber recogido tu abrigo
como uno recoge a su doble
cuando llegó el momento
para moler las leyendas
y dispersarlas con un barrido.

Tú barrías
lo que bajaba de la noche
y cuando sacudías la cabeza
caían estrellas de ella
a veces caía también pero
raramente un puñado de sal
daba la señal
y el gran alquimista
vuelto de Cartago
recogía los cristales
y con ellos amasaba el pan.

Pues ya sabes te decía
–tu no lo sabías–
sal fuiste y sal serás
y del pan de la noche
qué más quedará sino el molino
al otro lado del pueblo
que como si uno se ponía de nuevo
a moler las estrellas
antes de volver a encender el horno
sacude sus alas de gigante
que lo impiden quemar.

Le daríamos un escobazo
si unos marineros pasaran por ahí
expulsados del mar
esparciendo su sal
sobre las ruinas de la noche.

En ruinas está la noche
hasta la raíz
y ha llegado el momento
para moler las leyendas.

En una te diste la vuelta
en la otra no
y quién dime cerraba
la reja detrás de mí
LAS ESTRELLAS CAYENDO.

 

Jean Portante nació en 1950 en Differdange, Luxemburgo, de padres italianos. Desde 1983 reside en París. La obra de Portante está escrita en francés. También ha desarrollado por más de veinte años una actividad como traductor literario, en la que se destacan obras de poetas como Juan Gelman, Gonzalo Rojas y Jerome Rothenberg. Sus propios libros han sido ampliamente traducidos. En Luxemburgo, es director artístico del evento la Primavera de Poetas, director literario de la revista Transkrit y periodista de Jeudi. En Francia, es miembro de la Academia Mallarmé y de múltiples jurados literarios (Apollinaire, Mallarmé, Max-Pol Fouchet, Yvan Goll, entre otros). Creó en 2008, con Jacques Darras, la revista Inuit dans la jungle, y dirige, con Claude Couffon, la colección L’Cahiers Latin de la Editorial Caractères, dedicada a la poesía hispanoamericana. En 2003 recibió, en Francia, el Gran Premio de Otoño de la Sociedad de Hombres de Letras, por el conjunto de su obra poética, así como el Premio Mallarmé, por su libro L’étrange langue. En 1993, en Luxemburgo, su novela Mrs Haroy ou la mémoire de la baleine le valió el premio Servais al mejor libro del año. En 2011 recibió, en Luxemburgo, el Premio Nacional de Literatura y en 2012, en Francia, el Premio de Literatura Francófona Benjamín Fondane.