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Llaves de domingo. Ouyang Jianghe

ouyang-jiangheLes presentamos al poeta Ouyang Jianghe, una de las figuras más reconocidas de la poesía china desde los años ochenta hasta la actualidad. La traducción es de Pablo Rodríguez Durán.

 

 

 

Llaves de domingo
Ouyang  Jianghe

 

Los poemas de Ouyang Gianghe no sólo lo muestran como uno de los grandes exponentes de la poesía china, sino que son un espejo de varias caras, donde es posible acercarse a una modernidad a partir de lo que su lengua comunica y lo que está oculto tras la forma de las palabras. De tal manera que los trazos nos van mostrando al mismo tiempo la imagen, como si en vez de signos fueran mariposas o figuras que se mueven más allá del lenguaje.

Margarito Cuéllar

 

Abriendo el oído

Escucha el sonido de las llaves al caer,
y la melodía oculta, al recogerlas;
el eco capaz de cerrar la puerta.

Cuando le abro a mi propio prisionero
giro estas mismas llaves,
también cuando intento abrirle a Dios,
quien murió encerrado,
acá, hace mucho tiempo.

Y la rutilante luciérnaga,
desde la cárcel del oído;
iluminando la escultura
de una voz divina.

Frente al callejón sin salida, algunos se roban esta voz divina
con los cinco días de la mano, otros arropan sus oídos,
los demás sofocan sus orejas de antiguas reencarnaciones. 

Cayó a la tierra el piano celestial,
rompió en pedazos el cráneo de un maestro Shaolin
Sobre la cabeza de cien mil virtuosos pianistas
Sólo cabe un Buda en niño reencarnado.

Al lado de cada prodigio está sentado un imprescindible contador.

Advertí el ostracismo de la belleza material
escuché las orejas hirsutas en trance
sentí el agobio cuando el éxtasis tentó a la confusión.

hay que torcer la intuición para poder escuchar
dejar de escuchar para oír la oscuridad
para abrir el oído, sumirse en la oscuridad.

Pues las orejas humanas son sordas,
el sonido de un silencio, el útero su manantial.
Como si un mudo nos cantara canciones,
nos cantara sin parar.

 

La imagen más allá de la palabra

Entre los letrados del mundo hay uno que no sabe leer
Pero sí escribir,
En su mano los trazos, como el agua del río, se rebelan desbordados.
Pone en el pico de un ave un ideograma marchito, un caracter mudo,
Crea las garras de un pájaro con pictogramas rengos;
Ilumina al caracter refinando el mismo pájaro flotando.

Contempla el mundo dibujando un rostro a  diez mil flores
que brotan y envejecen bajo su fino pincel.

No puede ver las montañas y los ríos de su propio cuerpo
pues las aguas diáfanas y el barro turbio
descansan entre pergaminos de sutras
y la bruma del leopardo.

¡Cuántos caracteres podemos escribir mal a lo largo de una vida!

Ideogramas en tiras de bambú,
y pictogramas en bronce decretando un mandato divino,
Cuando la verdadera elegancia del hombre refinado
Está en saber imitar a los dos grandes maestros Wang
Hasta para firmar un recibo.

Ellos saben escribir sobre huesos oraculares
Ideogramas en forma de cangrejo
Y logran convertir sus tenazas
En eficientes alicates.

Aves y bestias en un monumento no son ya de este mundo
¡Cuántas reinas rana se esconden tras una escritura renacuajo!
¿El niño y el corazón de la infancia están sentados sobre un loto?
Al igual que la maldad, bien apoyada y erguida la espalda.

La bondad, como las reliquias budistas, se sienta torcida,
Y la ansiedad del día la convierte en no-forma.
La respiración se alimenta a sí misma; en un baile, una danza.
Y todo lo que el corazón es se convierte en lo que no es.
Pero ahí no reside la imagen de la mente, sólo la terca obsesión.

 

La mitad de la mitad

Si la mitad del mundo dice sí
¿Entonces la otra mitad dice no?

Si a los profetas árabes
los sacó de quicio la cuota del petróleo,
tener que despachar fantasmas huraños,
tanques venenosos;
Y competir con Shakespeare en retórica.

De la belleza eterna
Nos toca la mitad, y la otra al enemigo
La mitad de la intuición baja serpenteando
No separa bello y feo
ni correcto y erróneo.
Los ingredientes de la intuición
Son el invento y la ilusión.

El sol salía para romper los corazones
pero la gracia de la luna
Era estar mitad llena, mitad nueva.

De la belleza del desierto
La mitad son gotas de lluvia, la otra, inundaciones.
De los dones de una falda
una mitad acaricia el piso, la otra flota al son del viento.
La belleza del tiempo, en cambio, está en el no-tiempo,
La otra mejilla del rostro tiene cara de rata.

La mitad del mundo que no se puede ver
Desde la profundidad ve su otra mitad.
Es la mitad perdida, y la mitad guardada.

De la belleza del comercio
La mitad son nuevos ricos, la otra, caídos en desgracia.
De los grandes imperios
La mitad es sueño americano, la otra Made in China.
De la política
La mitad es globalización, la otra apenas un lugar.

De las dos partes restantes al dividir un centavo
hay una mitad que no se puede repartir.
De las arcas del estado una mitad es el erario;
la mitad del oro son papeles en blanco.
De los paisajes rojos,
La mitad son letras negras en papel.
.

Partidos Verdes y mafias negras son hermanos de carne
El vino tinto en copa, el licor blanco en copita.
La mitad de un hombre malo
no suele aparecer.
La mitad de un hombre bueno
es peor que el hombre más malo que hay.
El talento siempre le cede una mitad a la estupidez,
Entre dos cabezas, una siempre queda atrás.

El mundo de los ciegos observa fijamente un par de ojos,
Una vida liviana no soporta una carga bestial.
La mitad de la vida, aunque se viva hasta el límite,
Consiste en romperse el lomo.
De una vida efímera, la mitad es estado vegetal.
Y de estar mitad vivo, mitad muerto,
Más vale morir cien veces y vivir una bien.

Vidas pasadas, futuras reencarnaciones,
Todas existen en esta realidad
Después de la muerte, la mitad
es prenatal
De la eternidad, la mitad es un solo instante
Tenerlo todo es casi no tener
De la causalidad
La mitad es casualidad

Digámosle que sí a la otra mitad del mundo.
para que nuestra mitad pueda decir que no.

 

La pistola

Una pistola de mano se puede separar
en dos cosas sin relación
Por un lado la pistola, por otro la mano
La pistola se alarga hasta convertirse en una secta
La mano, pintada de negro, se convierte en otra.

Y una cosa también se puede separar
disgregar en direcciones opuestas
El mundo segrega la inagotable deconstrucción de las palabras.

El hombre con un ojo busca el amor,
y con el otro observa el cañón.
las balas se observan, seductoras,
la nariz apunta a la sala del enemigo
la política tiende a la izquierda
Cuando Fulano dispara hacia el oriente
Mengano cae herido en occidente.

Mafias negras usan guantes blancos
Doctrinas de armas largas las cambiaron por las cortas
La Venus sempiterna, de pie sobre una piedra
Rechaza con sus manos a toda la humanidad.
De sus pechos pueden abrirse dos cajones
en su interior dos balas, una pistola
que deviene juguete al halar el gatillo
Asesinado: una implosión fallida.

 

Mariposa

Mariposa, fuego de autocompasión sin relación con nosotros
Vacío colosal proveniente de tan tierna figura
Una súplica impotente, sin fuerza alguna
En tus sueños libras tu cuerpo de la mariposa
Pero la mariposa es en sí misma un sueño,
más profundo que tu mismo sueño.

La remota soledad comenzó por la pérdida de un broche,
que alguna vez estuvo en tu solapa; y cuando se colgaron las farolas
escuchaste cálidas palabras, releíste viejas cartas
No recuerdas el rostro de quién las escribió, pues entre ellos

¿Hay alguien muriendo a la velocidad que escribe?
¿entrando a otro ritmo? En medio de la noche en que las lees
Tu broche se perdió por siempre. Y una mariposa
se fue volando, y regresó trayendo un buen augurio.
Sobre sí cargando la materia imposible de explicar.
Negar la mariposa de la materia es faena fútil.
La materia es absoluta, no hay superficie olvidada.

La mariposa es un amor tan largo como el día
Y si le añadimos la noche, se reduce a un simple beso
Aún no sabes cuál entre ambas es más breve:
¿Una vida o una mariposa de una noche y un día?
Hermosa es la mariposa y sin embargo, cruel es su apariencia.

 

En un ascensor

Cambió la manzana de mano con el ascensor a punto de descender,
suplemento para la imaginación. Exprímete para emerger del gentío
y luego poder entrar. Si vas muy temprano al trabajo,
La manzana aún pende de su árbol, tal como la nueva generación se rehúsa a madurar.

¿Creías que al bajar el ascensor ellos se quedarían en el aire?
Y si ya vas tarde al trabajo, qué más da tomarte unos minutos más.
Un turno laboral son dos puestos, uno junto al otro
intercambiando suerte y números de identificación.

El poder tiene un rostro que finalmente se olvida
extraído de una carta de Póker hábilmente marcada.
Quien gana más dinero que todos los demás nunca gasta nada,
Pero cuando comienza a deber, despilfarra hasta lo que no hay.

La sonrisa sobre tu rostro está adherida con pegante,
En ella puedo oler el tufo del cambio químico.
Al llorar pareces fingir el llanto
¿Realmente crees que las lágrimas no tienen huesos ni carne?

Lleva a tu hija, al salón de belleza,
Así extirparás de su rostro la belleza que no para de crecer.
Aunque lo que quede, seguirá creciendo. Envejecer no es más que
la belleza temblando por seguir embelleciendo.

Todo esto, sólo se puede explicar desde el alma.
La ciudad entera oprime tu cuerpo, con más peso
que el de una enfermedad del corazón. ¿Por qué está en medio del cielo?
La manzana cayó de repente, y el ascensor no alcanzó a bajar.

 

Llaves de domingo

Las llaves se menean bajo la luz de un domingo en la mañana
Alguien se quedó por fuera en la noche profunda.
No es lo mismo el eco de la llave al penetrar la cerradura
que tocar la puerta,
tan lejano, que la dirección del sueño es más confiable que la realidad.

Atravieso los suburbios, y todas las luces de los carros
súbitamente se apagaron. Y en medio del cosmos infinito sobre mi cabeza
Alguien palpa el freno de su bicicleta. Ligeramente inclinado
Por espacio de un segundo, y escucho las llaves caer al suelo.

Hace muchos años unas llaves se meneaban bajo el sol.
Las levanté, pero sin saber dónde yacían ocultas
las manos tras ellas. Todos los días antes del sábado
están cerrados con candado, y no sé cuál de todos debo abrir.

Hoy es domingo. Todas las puertas
misteriosamente están abiertas. Tiré las llaves.
Puedo entrar a cualquier casa sin tocar la puerta.
El mundo tan sobrepoblado, y este cuarto en tanta soledad.

 

Quién se queda y quién se va

Al ocaso aquel niño se esconde tras el tronco de una planta
y escucha, furtivo, las tripas del insecto. Lo que escucha, en realidad,
es el mundo más allá del bicho: las tripas de las máquinas, por ejemplo.
Al caer el sol, los pies del niño ruedan inquietos cual llantas de tractor
Pues padre conduce un tractor
descargado, vacío;
          Y detenido en la intemperie desolada.

Padre salta del tractor y contempla perplejo la belleza silenciosa del ocaso
Rechaza una llamada terca que no deja de sonar
Y dice a hijo: Todas las cosas que bailan en el horizonte tienen labios,
pero sólo hablan a las demás cosas,
creando los oídos, fundando las palabras.

Para negar los oídos de las cosas, el niño escucha furtivo los sonidos de su corazón
Aunque en realidad no está escuchando
sino oyendo una forma de escuchar excepcional.
El niño ha inventado una sordera propia
ha creado una sordera con alas e ilusoria.

¿Es posible, tras el ocaso de los seres ordinarios,
encontrar otro mundo milagroso de ruido y alharaca?
¿Habrá otra persona escuchando, otra puesta de sol
          hundiéndose?

El cielo se tambalea
Y la tierra, al no haber nadie que conteste su llamada, está inusualmente quieta.
Máquinas y bichos no escuchan latir sus mutuos corazones,
Las plantas también ya arrancaron sus raíces.

Y la sordera de aquel niño devino reino onírico, secuencia, acento campesino.
El tractor ya no se mueve
                El padre arregla el motor con la cabeza enterrada en sus entrañas.
Y la madre abrazando al sol poniente toma una siesta, una corta siesta
sin saber que la noche sucede al día, y la vejez concluye en muerte.

Traducción de Pablo Rodríguez Durán

 

Ouyang Jianghe nació en 1956 en Sichuan. Uno de los «Cinco grandes maestros de Sichuan», Ouyang Jianghe es una de las figuras más reconocidas de la poesía china desde los años ochenta hasta la actualidad. Desde 1979 ha escrito, publicado y colaborado con diversas revistas literarias; es un reconocido amante del cine, la caligrafía, el teatro y la música, y uno de los más versados críticos en poesía contemporánea china. La poesía de Ouyang está permeada de alusiones que van desde la filosofía clásica china hasta la poesía occidental contemporánea, en una visión universal que acompañan imaginativas y variopintas alegorías. En China ha publicado catorce antologías de poesía y sus obras han sido traducidas al alemán, inglés, francés y árabe. Además de su participación como expositor y poeta en más de cincuenta universidades alrededor del mundo, Ouyang Jianghe ha sido galardonado con importantes premios, tanto dentro como fuera de China.

Pablo Rodríguez Durán nació en Colombia en 1987. Abogado por la Escuela Libre de Derecho y Maestro por el Centro de Estudios de Asia y África (Especialidad China) de El Colegio de México. Trabajó como traductor en la Editorial Internacional de Lenguas Extranjeras de China. Hoy en día es intérprete y traductor literario independiente. Cuenta con diversas traducciones publicadas del chino al español, dentro de cuyos autores destaca Li Jingze, en narrativa contemporánea; «El arte de la guerra» de Sun Zi en literatura clásica; Xu Wei y Zang Di en poesía; y Jia Pingwa, Yu Hua, y Ah Yi en cuento o novela corta. Sus líneas de investigación académica se centran en la filosofía, la literatura y la filología chinas. Su más reciente traducción publicada es «Un pájaro y un pez y otros relatos» de Li Jingze por LOM Ediciones, Chile.